viernes, enero 27, 2006

¿Pro-verbio?

Calla, que tu lengua te volverá sordo.

sábado, diciembre 10, 2005

Muerte de Catalina, la central, en manos heterónimas

Aunque el parte policial dice ‘probable intento de suicidio’, lo cierto es que hemos tenido que matarla. Fue un acto pasional, no premeditado. Hablaba y hablaba con su compulsión habitual por la verdad, como si ésta fuese tan interesante. Lamentos y más lamentos. Dale con ‘incompatible con el mundo’. Dale con ‘no existe otro más que yo’. Entonces hemos perdido la paciencia y empujándola al vacío nos hemos liberado.

Debemos reconocer que su cuerpo no lo hemos encontrado. El abismo al que fue arrojada era suyo y ninguna de nosotras lo conoce realmente. En definitivas cuentas, solamente creemos que está muerta, desintegrada como el príncipe Altazor en infinitas letras carentes de sentido articulable. Pero también podría estar dormida en algún rincón insospechado. En todo caso, esperamos no volver a verla.

Nuestro sentido pésame. Y besos. Catalinas, las restantes.

jueves, diciembre 08, 2005

Conversaciones familiares VI

Mamá (57): J, ¿tú tienes un blog?
Yo: No.
Mamá: ¿Segura?
Yo: Claro que segura. ¿Por qué?
Mamá: Porque me encontré con G.R. y me dijo que tenías un blog, y que era muy divertido.
Yo: Qué cosa más rara.
Mamá: Ese G.R. está loco.
Yo: Sí, loco.

miércoles, noviembre 30, 2005

Cita V

FAUSTO.-- ¿Qué es lo que me ofreces? Alimento que no sacia; oro candente que, como el mercurio, se escapa de las manos sin descanso; un juego en el que nunca se gana; una muchacha que, abrazada a mi pecho, ya guiña el ojo y se entiende con el más cercano; el espléndido y divino placer del honor que se desvanece como un meteoro. Muéstrame frutos que se pudran antes de nacer y árboles que verdeen de nuevo cada día.
MEFISTÓFELES.-- Esos tesores que dices, yo te los puedo ofrecer. Mas, amigo querido, también se acerca el tiempo en que podamos regaladamente comer en paz alguna cosa buena.
FAUSTO.-- Si me tiendo ocioso y descansado sobre un lecho, si con halagos puedes engañarme hasta el punto de estar satisfecho de mí mismo, si logras seducirme a fuerza de goces, muera yo inmediatamente. Te propongo la apuesta.
MEFISTÓFELES.-- ¡Aceptada!
FAUSTO.-- ¡Choquen nuestras manos! Si un día le digo a un instante fugaz: "¡Detente! ¡Eres tan hermoso!", puedes atarme entonces con cadenas y terminarse el tiempo para mí.
* J.W. Goethe, Fausto, Editorial Sudamericana, Bs. As., 1999, p. 75. Primera versión alemana publicada en 1772.

lunes, noviembre 14, 2005

La vulva negra


Me vio y me encontró linda, adorable. Supuso que podría hundirse en mi carne felizmente. Sospechó incluso que podría amarme hasta los huesos. Estaba tan contento, entusiasmado. Hasta que me pidió que me levantara la falda y vio que de la vulva me caían gotas negras.

domingo, noviembre 13, 2005

Sicópata europeo (manifiesto)

Que los cobardes y estúpidos se larguen porque hoy pienso hablar de un goce supremo. Me he cansado de follarme a putas y putos hasta reventarlos. Les he abierto todos sus agujeros y les he creado algunos nuevos frente a sus hijos y madres. Los he penetrado hasta sentir sus vísceras y he sentido deseos de arrancárselas. Los he restregado con mis fluidos y los he alimentado con ellos. He mirado sus ojos suplicantes antes de escupirles su miseria a la cara. He abandonado sus cuerpos exhaustos como carroña para perros y delincuentes. He disfrutado humillándolos y observando como se transformaban en pura energía hacia mí: en amor, en odio, en evidente admiración. Me he puesto en el lugar de ellos y les he permitido a mis novias que me pateasen en el suelo su venganza, he lamido el culo de sus esposos y me he dejado abofetear por sus cabrones. Pero ya no. Ya no lo disfruto. Sueño con bacanales en las que poder saciarme, culminando en pasión colectiva lo que hasta ahora no han sido más que vicios privados, con mi ciudad transformada por un festín de órganos y placer sin límites. Pero esta ciudad está llena de imbéciles e hipócritas redomados, incapaces de mirar de frente sus deseos de pasión y crueldad. Hubo un tiempo en que gozaba viendo a mis mujeres comer en el suelo carne cruda. "Basta de sensiblería, convéncete de comes cadáveres", les decía. Era tan hermoso verlas llorar entonces, por fin conscientes de su naturaleza depredadora, que no podía evitar acariciarles la cabeza. Pero ya no. Ya no encuentro placer alguno en la educación sexual. Por lo demás, mis ex alumnas, en vez de salir fortalecidas de la experiencia y agradecerme las lecciones inculcadas a punta de sudor y semen, terminaban todas cagadas, yendo a llorarle sus miserias a un doctorcito cualquiera. Ya no. Sólo me dejo seducir por la posibilidad de una clase magistral, de la que hasta los más mediocres puedan sacar partido, para lo otro ya no tengo paciencia. Entiéndanme: a los placeres de la carne no voy a renunciar, simplemente quiero más de ellos, más y más y más. Quiero hacer con la carne una obra maestra. Hay algo patético en el arte convertido en una fábrica de salchichas. Los artistas hacen su pequeño trabajo que a nadie le importa llenos de arrogancia y vanidad. Perdedores del mercado en la mayoría de los casos, políticamente ineficaces, juegan a alterar un poco -y sólo un poco- las formas, para conseguir el beneplácito de un puñado de entendidos en la materia. ¡¡Y qué materia!! Pasaron del óleo a los alambres y las luces de neón. Mediocres. Y del peor tipo: mediocres que no saben que lo son. Atrapados en su trampa democrática. Jugando a volver al pueblo, pero hambrientos de reconocimiento y de subsidios. Ya podré dañarles un poco su acalorada autoestima. Con la obra que tengo en mente les daré una lección de verdadera nobleza. Tomen nota, imbéciles. En un mundo anestesiado por los medios de comunicación y la miseria, en el que se ha perdido todo sentido de la belleza, en el que la naturaleza es humillada por una cultura de masas embrutecidas, el único material capaz de conmover, de hacer una diferencia, de llamar la atención sobre lo que se ha perdido o lo que podría ser, el único material verdaderamente noble, es la carne humana. Ante tanta mezquindad, no puedo más que dar todo de mí. De ese modo dejaré la vara suficientemente alta como para que las generaciones que vienen vuelvan a mirar al cielo. No a dioses cada vez más debilitados y oportunistas. No. Al horizonte de sus propias posibilidades. Posibilidades olvidadas junto al instinto. Posibilidades coartadas por el temor. Posibilidad de ser dueños y señores de su destino y darse todos los malditos gustos que puedan imaginar. Pienso hacer una masacre, una perturbadora fiesta de la carne, sin otra motivación que la liberación del deseo. Mi obra será tejida con sangre humana y lágrimas de verdad. Será un regalo para quienes lo sepan aprovechar y, por supuesto, un gusto para mí. Me someteré a las consecuencias que llegarán inevitables. Seré esclavo por el resto de mis días, encerrado en una jaula como un perro. Pero llevaré adelante mis planes con amor: yo mismo pondré las bombas.

* La fotografía corresponde a Juan Dávila, chileno, artista visual.

domingo, noviembre 06, 2005

Conversaciones familiares V

Ella (4): Mamá, ¿cuánto falta para llegar a la cueva?
Yo: Poco.
Ella: Es que estoy cansada.
Yo: Si no llegamos, no encontraremos el tesoro.
Ella: De todas maneras no quiero encontrarlo.
Yo: ¿Por qué, amor?
Ella: Porque los tesoros, cuando uno los encuentra, se mueren.

jueves, octubre 27, 2005

Eros para Cioran según Savater (sic)

¿De dónde le viene al amor su prestigio? Nada goza de una reputación más asentada como infalible remedio contra los males del mundo; si bien todos reconocen que es pródigo en penas, ello simplemente colabora con su picante al sabor de este maná; quien lo posee, lo ostenta y lo complica de todas las maneras imaginables y quien no está en amores busca conseguirlos con la desesperación del ahogado al que se hurta el último madero. Lugar natural del absurdo y del equívoco, el amor no tiene siquiera aire de verosimilitud, pero, a fuer de espejismo perfecto, saca de su misma improbabilidad apoyos para su tinglado: inconmovible e inverosímil, satisface nuestra necesidad de creer en algo que nos salvará por hipótesis y el poético impulso de considerarnos perdidos más allá de toda ilusoria salvación. Contraponer sus exigencias teóricas y su realidad fáctica es un provechoso ejercicio de desfascinación, que nos ilustra de modo clarividente sobre los mecanismos de la ilusión (una desilusión amorosa es la lucidez al alcance de cualquiera, a poco que se le sepa aprovechar): ¡con qué admirable astucia se compaginan la biología y el soneto, la impersonalidad del deseo y la pretensión de distinción y unicidad del ser amado, el miedo a la soledad y la opresión del aburrimiento, la vanidad siempre hambrienta de aduladoras monsergas y el ansia de autohumillación y castigo! Todo falla en el amor, menos su capacidad de despertar interés; su éxito se fundamenta en gran parte en que proporciona un entretenimiento para mitigar el largo hastío de los días. Dos actividades han revelado sus virtudes en este campo: el trabajo y el amor. Pese a su parecido fundamental: una especie de necesidad natural que les serviría de fundamento, adobada con un montaje teórico y ritual monstruosamente hipertrofiado, y un mismo ofrecimiento de autorrealización, no cabe duda de que sus capacidades de despertar ilusión son notablemente disparejas: en este último campo el amor es realmente imbatible. Quien pudiera decir con verdad que ya no siente la menor ilusión amorosa –ni siquiera la de estar de vuelta del amor- habría ido tan lejos por el camino del desengaño que apenas parecería ya de este mundo: una piedra o un lagarto nos serían menos extraños que él. Si en la jerarquía de las mentiras la vida ocupa el primer puesto, el amor le sucede inmediatamente, mentira en la mentira. ¿Por qué superchería dos ojos nos apartarían de nuestra soledad? El amor adormece el conocimiento; el conocimiento despierto, mata el amor. ¿Quién tendría la ilusión lo suficientemente firme para encontrar en otro lo que vanamente ha buscado en si mismo? ¿Podría ofrecernos un calentón de tripas lo que todo el universo no ha podido ofrecernos? Y, sin embargo, tal es el fundamento de esta anomalía corriente y sobrenatural: resolver entre dos –o, más bien, suspender- todos los enigmas a favor de una impostura, olvidar esta ficción en la que chapotea la vida, con un doble arrullo llenar la vacuidad general y, parodia del éxtasis, ahogarse finalmente en el sudor de un cómplice cualquiera. Nos asaltan dudas al respecto, pero nuestra postura ante el amor es generalmente seria y denodada. Nadie bromea con los prestigios de la carne; la seriedad atroz de los libertinos de Sade, metódicos y disciplinados, tiene su correspondencia adecuada en los modernos manuales de perfeccionamiento erótico o en la severidad orgásmica de Wilhem Reich. Se admite tácitamente que nada merece más respeto que la vida sexual: en esto coinciden los partidarios de todas las represiones con los paladines liberadores. Dos víctimas atareadas, maravilladas de su suplicio, de su exudación sonora. ¡A qué ceremonial nos obligan la gravedad de los sentidos y la seriedad del cuerpo! Reventar de risa en pleno estertor, único medio de desafiar las prescripciones de la sangre, las solemnidades de la biología. En la relativa lucidez que separa mis propios accesos de arrebato, recupero mi risa para distanciarme del otro y de su entrega; cuando estoy poseído, se acabaron las bromas. Y es que presiento que la ironía va a dificultar mi funcionamiento: cualquier deficiencia o vacilación en materia erótica me aislará en una originalidad siniestra.
*Fragmento tijereteado a antojo del Ensayo sobre Cioran de Fernando Savater.

domingo, octubre 23, 2005

Recuerdo ominoso

Niños pequeños, de menos de un metro de estatura, pero tan diferentes a mí. Los miraba desde la ventana del auto, pegada la nariz al vidrio. Delgados y morenos, fumaban cigarrillos y aspiraban pegamento en bolsas de papel. Yo no podría vivir así. Sin zapatos moriría, parecía pensar mi madre. Por eso me abrigaba. Un pequeño giro en el destino, una trizadura en el hielo frágil sobre el que transcurría mi vida, y caería a ese otro mundo: mundo inverso y presente, día a día, desde entonces.

domingo, octubre 16, 2005

Ladrona

He tenido una aventura deliciosa que me ha devuelto a ciertos pasajes exaltados de mi adolescencia: junto a un nuevo amigo he protagonizado un robo.
Hace muchísimos años que no sentía la emoción de robar. Ya casi la había olvidado. Pero anoche la reviví en esplendor.
Mi nuevo amigo es policía -detective de la policía de investigaciones para ser más exacta- así que proporcionó la información necesaria para salir impunes.
Le conté que, tras muertos mis abuelos adorados, mi familia había realizado una absurda repartija de sus bienes en la que mi tía a todas luces había salido ganando.
Sospecho que mi abuela la despreciaba, que la encontraba simplona y verborreica, y que hubiese querido que fuese yo la que heredara sus pertenencias más preciadas. Por ejemplo un cuadro que tenía, de Carlos Pedraza, un paisaje de un camino rural en otoño. No es el tipo de pintura que me gusta, pero ese cuadro en particular me trae recuerdos de infancia, y me permite ver el rostro de mi abuela si luego de mirarlo unos segundos cierro los ojos. Sí, definitivamente: si es que existe un objeto que quiero para mí es ese.
Para obtenerlo tuvimos que robarnos un montón de cosas. Había que evitar las suspicacias. Aunque siendo, como soy, una señora respetable, sólo los más suspicaces podrían creer si les dijera que esto que les estoy narrando es cierto. Nos llevamos platería, joyas, unas pinturas cuzqueñas, artefactos eléctricos y otros. Alimentamos al perro con paté de fois e hicimos el amor en la mesa de centro del recargado salón de mi tía, escuchando sus horrorosos villancicos.
(En ocasiones la música horrible ayuda, por contraste, a acentuar la belleza de una escena.)
Hace mucho tiempo que no estaba tan contenta. Hace tanto que no sentía que mi amante fuese, de manera tan literal, mi cómplice. Por emoción podría convertirme en ladrona. Tengo a mi Clyde, suficientes coartadas, sangre fría. Pero no. Sería una cosa muy irresponsable. Tarde o temprano me atraparía la ley, y aprecio la libertad.
Aunque en ocasiones no sepa qué diablos hacer con ella.

sábado, octubre 08, 2005

Batalla contra el tiempo

Miserable, dejo el blog hasta nuevo aviso.

viernes, septiembre 30, 2005

Algunos se preguntan por el sexo.


Casi no puedo moverme. / Tienes atrapadas mis muñecas. / Te amo, pienso, y busco la mirada de ese hombre que construye un muro detrás de tu ventana. / Te ofrezco un suspiro. / Ruego que no me sueltes la muñecas. / Que las mantengas firmes. / Para sentir que mi inmovilidad es un deseo de otro. / Tuyo. / Te vas hundiendo. / Y lo miro. / Muerdo tu mano. / Y gimo. / Gimo para él que está allá afuera y tiene hambre. / Gimo para que sigas moviéndote. / Música para el baile. / ¿Comprendes? / Te confundes. / Babeas sobre mi pecho. / Me aprietas. / Te miro con esta mirada difusa que llevo. / Te miro junto a las murallas. / Al techo. / A las ventanas. / Los colores se entremezclan. / Manchados. / Un primerísimo primer plano de tu boca me muestra la textura de las lenguas. / Esas cosas que se llaman papilas, abiertas y erectas como pistilos al sol. / Succiono la lengua. / Caigo. / Quisiera estar soñando. / En un tiempo detenido. / Eterno. / Debes saber que estoy muy lejos, que me he ido. / Mi cuerpo abierto no te basta. / Humedeces tu mano con el sudor de mi pecho y me despiertas de un golpe. / Abro los ojos. / Trato de enfocar los tuyos. / No puedo. / Para acercarme busco el abrazo. / Sentir la sangre que palpita. / Mi mandíbula se afloja. / Hundes tu boca. / Siento en mi cuerpo una suma de hinchazones. / De calores y dolores. / Una asfixia. / Fluidez sanguínea. / Una impaciencia. / Y las caderas que comienzan por sí solas un vaivén. / Como en una rueda que gira y trae furia. / Ganas locas. / Abandono y consuelo. / Y luego nuevamente. / Y más rápido. / Cada vez más rápido. / Hasta casi enloquecer.
Siento al tiempo volviéndose repentinamente una ventana, que al abrirse se rompe. / Los cristales, sus pedazos, se clavan como agujas en mi piel. / Luego ya no veo nada. / No escucho nada. / Hasta que el hombre de allá afuera comienza a silbar una canción.

miércoles, septiembre 28, 2005

Un cuerpo hibakusha

Después de tener a mis hijos mi cuerpo quedó deformado. Lo que antes había sido terso ahora colgaba. La piel se había roto, quebrado en su estructura interna según explicaciones dermatológicas. Las lamentables cicatrices fueron apareciendo paulatinamente. Rojas como una llaga, prometían llevarse para siempre aquello en lo que se afirmaba mi ego. Si alguien ha visto a una mujer recién parida sabe a lo que me refiero: su cuerpo es una bolsa que chorrea leche, sangre, líquido amniótico. Su olor es agrio. Vieja, así me sentía. Súbitamente inservible, jubilada como objeto del deseo. Daba risa escuchar a los melosos de siempre hablando del brillo maternal en mi mirada, de lo lindas que estaban mis mejillas, lo rosadas.
Con las ubres podridas, el sexo inservible, los tajos en mis tejidos que amenazaban con romperse ante la más mínima violencia, lloraba al imaginar el tipo de hombre que estaría dispuesto a penetrar con sus manos mi herida. No odiaba al que "me había hecho eso", ni menos a la criatura a la que había dado vida. Odiaba a los que vendrían y despreciarían mi cuerpo. Odiaba a los que me habían deseado por una belleza extinta. A todo aquel que me llamara "señora". Y, por sobre todas las cosas, me odiaba a mí misma por no saber qué hacer.
Hasta que comencé a erotizar mi amargura. Comencé a imaginarme impúdica, exhibiendo mi nuevo estado. Amarrada de pies a cabeza con hilo de pesca. Pliegues sobre pliegues, parodiando mi nueva obesidad. Volverme de ese modo lúbrica, con un sexo puesto allí para la violación del desesperado. Explotando un nicho de negocios para el cual la única carne es pornográfica. Buscar entonces la mirada. Una embrutecida por su propia deformidad o, por el contrario, una cruel, sofisticada, cuyo deleite fuera verme degradada. En suma, miradas corruptas.
Y luego sucedió que ya no deseé otras. Cuando mi cuerpo volvió a la normalidad, mi corazón no lo hizo. No premio de consuelo, tampoco vicio. Más bien una pasión poderosa que crecía y me hacía usar la belleza como un traje susceptible de ser colgado en el armario, de ser utilizado para fines precisos, y de quitármelo en el momento oportuno para probar la resistencia al horror de algún desprevenido transeúnte.
Fotografía: Mexican Pin Up, de Joel Peter Witkin.

lunes, septiembre 26, 2005

Conversaciones familiares IV

Yo: ¿Tú le dijiste a la J. (2) que tomara agua del water?
Ella (4): No, yo no fui.
Yo: Dime, A., ¿por qué hiciste eso?
Ella (4): Ay, mamá, es que no podía aguantar la risa.

Optimismo


¿Por qué disimular que tengo reservada en mis bodegas una cantidad inmensa de alegría? ¿Es verdad que el desconsuelo me parece una pose más interesante? ¿Con la ligereza de la risa no creo poder llegar al corazón? ¿Por qué no hago un intento de atrapar con las palabras mi optimismo?

Me respondo que el mismo acto de escribir es suficiente camino recorrido en esa dirección. Y también que el optimismo me causa más pudor que los lamentos.
*La fotografía es un registro del trabajo "Estudios sobre la felicidad" de Alfredo Jaar. Santiago de Chile, 1979.

jueves, septiembre 22, 2005

Más exhibición del Te Amo.


Tú te lo pierdes. Me pierdes. Allá tú tonto que no ves. / Me has llamado a disimular la ternura, a dejar de hablar de amor. Así lo matas. Porque él –mi amor por ti- está hecho de palabras. Nada más. / Tonto no. Sin mi amor tú no pierdes nada. Yo pierdo mi voluntad hinchada, mi deseo, el calor de mi cuerpo. Quedo fría y ya me empiezo a parecer a ti. Vacía. Me dan ganas de pararme en medio de la calle y hacerme atropellar. / El amor nada tiene que ver con esa estúpida sensación de habitar en el nirvana. O, al menos, si libera al corazón también lo oprime. Se deja caer sobre él con su peso insoportable. Por eso los suspiros ahogados. / Ya te has olvidado del amor. / Debes pensar que estoy loca. Pero me consuela saber que algo debes entender. Si puedes devolverle el brillo a las miradas de unas viejas de vidas opacas, debes entender. / Mi locura, entonces, es entregarme a ella, no resistirme, vivirla como inspiración, como motivo, estirarla hasta el hartazgo. Y gozar de mi dolor de vieja opaca. / Ay, si supieras todo lo que he pensado en ti. Si pudieras ver cómo te he inventado. Si intuyeras a tu fantasma expandiéndose en mi insomnio. Llenas el negro de la noche, el mundo, y me siento sola en el medio del desierto, recibiendo. Y tú, cielo poblado de estrellas, te dejas caer sobre mi pecho, asfixiando todo lo que he sido. / Tú dirás que no estabas ahí, que todo esto no ha salido de mi mente. Te escucho como a un rumor lejano hablando de solipsismo. Instalada en este desierto siento el ridículo de invocarte como al espíritu de un muerto. / Basta ya. Todo lo que digo también es una pose, un tono que adopto por amor a las palabras de amor. / Puedo subir la frecuencia, bajarla, suspenderla, pero la prueba concluyente de que es más que una pose es que regresa, aún me siento cómoda adoptándola, las palabras salen de mi boca. / Sería estúpido decir que ahora digo la verdad y antes mentía. Nada de eso. Siempre miento y siempre digo la verdad. Me refiero a ti. Siempre te miento y siempre te digo la verdad. / No me mandes a callar. Cállate tú y el efecto será el mismo. Si te alejo ya verás que siempre estuve lejos y no importa. / Quisiera besar tus muslos por dentro. / Escribo para conservar una sensación que en mi cuerpo ya no existe. Escribo para poder mirar su evanescencia. / Ya he comprendido que estás fuera de mi alcance. Eres una excusa. Te imagino, vanidoso, rabiando por ese lugar. / Mato el cariño. Tú sabes: una cosa lleva a la otra. / Espero que olvides esta carta. / Convertirás mi amor enloquecido en una anécdota para entretener a otras personas. Dirás que te impresionó mi enajenación, mi voluntad. Qué mierda. Estoy cansada, no te quiero mentir. Da igual lo que hagas conmigo después de lo que yo misma he hecho ya. / El amor dura poco, tan poco que ya no sé si alguna vez lo sentí. / Una señora que lleva horas esperando aquí, en el décimo séptimo juzgado del crimen, a que traigan a su marido desde la penitenciaría acusado de violar a una menor, me pregunta qué escribo. Una carta de amor. Abre los ojos muy grandes. Nunca ha escrito ni recibido una, me confiesa. / Tonto. Vuelves la cara justo cuando el ripio empieza a descascararse y aparece la luz de los brillantes. No había para qué tomarlos. No eran para echárselos al bolsillo. Eran para mirar. / Muero aquí. Buscarás una mirada tan intensa como la mía y me divierte pensar en el trabajo que te costará encontrarla. Yo, una sonrisa defectuosamente parecida a la tuya hasta quizás toparme con su reverso. /Si he vuelto a apostar por la belleza ha sido nada más que por ti y para ti. Aunque luego me quede yo con ella y pueda sacarle otros provechos. / Ay, que tonto has sido al enojarte por sentirte objeto de mis juegos de aburrimiento. Del aburrimiento solitario ha salido más de algún engendro que conmueve. Recibir sus golpes sobre tu piel anestesiada es lo de menos. / Si busqué provocarte es porque encerrados juntos en un espacio angosto, turbio y pantanoso, pensé que tal vez podrías abrir una ventana para evitar mi asfixia. No me aburro más que de los otros. Sola no. / No busco coincidir contigo ya. / Creo como tú: no existe el seductor, sólo el seducido. Por él pasa la vida. / Hay cierto tipo de belleza padecida, exagerada, autoindulgente, que sólo despierta en mí la crueldad. / Creo que mi amor por ti ya ha muerto y esto que escribo es su epitafio, o mejor aún: una sátira, escribir en lengua muerta por placer. / Tápame la boca y te besaré la mano. / Mis palabras de amor mueren aquí. No porque te alejen sino porque reconozco en ellas la agonía. / Boto tus besos a la alcantarilla para que desde ahí sigan buscando un rostro al que alcanzar. Me guardo uno eso sí. Uno quieto.
Escrito a G.M., que me impuso una amistad de la que hoy disfruto.

Conversaciones familiares III

Ella (4): Cuando duermo contigo tengo sueños terribles.
Yo: ¿Soñaste algo anoche? ¿Qué soñaste?
Ella (4): Soñé que estabas acostada en la cama, te tomaban en brazos, te ponían en el suelo y te partían en dos con un cuchillo.
Yo: ¿Quieres dormir sola esta noche?
Ella: No, yo sé que son sólo sueños. Me gusta mucho dormir contigo.

Leonard Cohen

Allá un pequeño altar,
Allá una ciudad cualquiera,
Allá vuestra miserable "vida sexual".
Ahorradnos los detalles.
Os escondéis detrás de vuestra desnudez.
Y cuando os sentís suficientemente audaces
la imponéis como un mal gobierno.

* Leonard Cohen, La energía de los esclavos, Visor, 1980.

Impostura

Me veo tan infantil que me avergüenzo. Y para evitar enrojecer digo que no es más que una impostura.

miércoles, septiembre 21, 2005

Amor fatal

Pienso en la joven aquella de la prensa que ha sido asesinada por su marido conocido a través de la Internet. Era chilena. De madre noruega. En vez de ama o sumisa se creía bestialista medieval. He entrado a la página web donde escribía. Nada de mal, por cierto, su escritura. Perfect English. Tiene que haber tenido más distancia con su rol que un amo o una sumisa, o estaba chiflada. Un by pass gástrico la hizo bajar 70 kilos. Sí, pesaba 140. Tenía una hija cuyo nombre no recuerdo, pero que pudo haberse llamado "Unicornio". Se inventó una historia de amor romántico con un chico canadiense. 22 años Fred, o Mark. Dejó a Unicornio en Chile y fue a casarse a Canadá. La bala tocó la sien. Mark le clavó 25 o 48 puñaladas en el cuerpo. Le echan la culpa a la internet.

Poemas de amor VII

Toda superstición / creo que fuimos hechos juntos / desde una figura única / en el anteparaíso / yo de tu costilla / tú de mi lengua / ambos de una idea imperfecta / y así estuvimos por los tiempos / multiplicándonos lejos / perdidos / hasta que caí en ti por vez primera / hasta que caíste / hace mucho / la inquietud y la paz embriagáronse esa noche / hiciéronse añicos / acabaron besándose / lascivas / creo que hemos sido amantes a través de las infinitas reencarnaciones del símbolo / que viviremos juntos / uno en los brazos del otro / y así mismo moriremos / callados / apagándose tu mirada en la mía / mientras / te alojaré en la médula / en la espina / te cubriré con mi piel / te amarraré de mi pelo / dormirás en mi voz / despertaré en tus ojos / beberás de mi boca / te amaré te amaré te amaré / hasta volver del sueño / y más allá del sueño.
Para Paco.

martes, septiembre 20, 2005

Aventura quieta



Una aventura para hoy sería dejar de mentir. Entregarme inválida al teclado y la pantalla de este computador sin más recursos que estas palabras pobres, sin más metáforas que las que aparezcan por azar. No buscar efecto alguno. Ir suicidando mis intenciones primero literarias y luego vitales hasta quedar silenciosa. No tengo hacia dónde prolongarme. Aceptar aquella fatalidad. No tengo deseos que me inviten a desplegarme y buscar alcanzar a otro.

Cita IV

"Luego la trata de puta asquerosa. La palabra puta sigue siendo un misterio para ella, aunque le llega cada vez al fondo del corazón. Ignora su significado, pero le gusta. No sabe por qué pero le atrae. Puta, puta asquerosa. Mira a su hermano directamente a los ojos cuando le dice esas palabras. Encontrar el significado de las palabras con la finalidad de nombrar lo que experimenta: para Marguerite, las palabras y las cosas que significan tardaron mucho en coincidir. De este desfase y de la niebla perpetua que la envolvió durante la adolescencia nacerá también la escritura como método de elucidación. Comprender, por supuesto. Pero no demasiado y nunca todo."

Laura Adler, Marguerite Duras, Editorial Anagrama, 2000.

Poemas de amor VI

Un día te dije que sería tu esclava.
Me transformaste en un falso ídolo.
No supe corregir el error.
Y ahora te tengo a mis pies
sin saber qué hacer contigo.

Conversaciones Familiares II

Ella (4): Mamá, no quiero morirme, no quiero que te mueras.
Yo: Todos nos vamos a morir, amor. Pero cuando uno es tan viejito, tan viejito, el cuerpo está cansado y ya no le importa morirse.
Ella (4): ¿Nosotras nos vamos a morir en la misma marca?
Yo: ¿Cómo? Uno no se muere en marcas.
Ella: A ver... es decir... ¿nos vamos a morir en la misma flor?

lunes, septiembre 19, 2005

Tan humano que duele


Cuando dijo que quería verme hacerlo con un perro pasé varias noches insomne. Horas enteras tumbada sobre mi espalda imaginándolo mirarme. Sintiendo repulsión hacia mi misma, como cuando era niña y me encerraron en el armario de la sala: sucia. Imaginándolo llegar a mi casa con un gran danés negro. Sería de noche y lo estaría esperando con un vestido hermoso, uno que perdí hace mucho, de seda áspera y semitransparente.
(Un gran danés es capaz de arrojarme al suelo, convertir mi ropa en jirones de tela en un momento.)
Voltéate, me ha de decir el hombre, una vez el perro haya comenzado a olisquearme.
En cuatro patas la transformación comienza. Quiero probar, ahora, el aroma del animal. Le lamo el ano y las bolas mientras su sexo crece brillante. Al tocarlo, las papilas gustativas se encienden dentro de mi boca, se abren como si fueran flores. Un hilo de baba une mis labios a esa flecha roja. Quiero mamar, desespero. Porque no hay tiempo. Porque el perro tiene sus propias ganas, trae su hambre. Parece listo para asegurar la reproducción de la especie.
Por el culo, indica el hombre, y guía con su mano al perro. De una estocada el animal se hunde en mi intestino. Blandos y húmedos, abiertos por la imaginación, mis agujeros suplican. Chúpame a mí, dice el que habla, y me penetra la boca con violencia semejante. Uno se mueve contra mis caderas; otro, contra mi cara; lo que hay en el medio tiembla. Gruño.
Mi cuerpo se estira y contrae, convulso. Escucho nuestros jadeos. Me provocará un desgarro. Ay. El recto se me ha llenado de un momento a otro de una masa enorme. Mis piernas están bañadas de semen. De su semen y mi sangre. El hombre ya no está: mira. El perro tirita, no logra despegarse. Lloro y me muevo buscando permanecer cerca.
Aúllo para compadecer al hombre que mira, lleno. No mueve un músculo. Sólo logro perturbar al perro que de un tirón me deja botada en el suelo, hecha un ovillo, con la mirada ciega y el ano sangrante.
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Aún está ahí, puedo sentirlo. Puedo oler su hocico muy cerca. Lo empujo hasta que queda tumbado a mi lado. Caemos dormidos. En el sueño hay unos ojos detenidos sobre una pantalla de luz. Sonrío. Por las cuencas me he follado al que mira. Mañana él, con los ojos sucios, sembrará en su mundo mi deseo.
Tan humano que duele.

viernes, septiembre 16, 2005

Fósforo blanco


Caía sangre del cielo, y material de construcción pulverizado. Quienes sobrevivieron, ciegos, buscaron agua para calmar su angustia. Los ríos de la ciudad de Hiroshima arrastaban cuerpos y pedazos de cuerpos. En esas cloacas rojas, cementerios giratorios, depositaron sus lenguas radioactivas.

lunes, septiembre 12, 2005

La nave va dejando el puerto

(cerrado por vacaciones)

sábado, septiembre 10, 2005

Mendigos III

Le temo tanto que cuando paso junto a él no lo miro: mantengo la respiración para no olerlo: su grito agudo lo vengo escuchando desde que, a los tres o cuatro años, una anciana me contaba el cuento del viejo del saco: el grito lo daba yo en ese entonces, al despertar por la noche: es el timbre de mis peores pesadillas: su destino es aquel del que nunca escaparé del todo: aquel que me estará esperando a la vuelta de la esquina: donde me abandonan el pasado, el futuro y la honra.
Sueño que soy un hombre con las rodillas rotas: sueño que me miro en un pedazo de espejo que he encontrado en la basura: rebotan sobre mí las miradas de asco de aquellos que, siendo como yo estando despierta, me miran de reojo: ni siquiera el frío me penetra: ni el miedo ni nada: la soledad es un lujo de los otros.

viernes, septiembre 09, 2005

Cita III

"Nunca he escrito creyendo hacerlo, nunca he amado creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada."
Marguerite Duras

Cosmopolitan

Una papaya abierta sobre el miembro erecto. Entonces la chupas hasta deshacerla. Puede ser delicioso. O miel, muy pegajosa, lamerla hasta que no quede nada. Un poco de cerveza en una axila o merlot bebido desde el ano: delicias de las delicias. Si se trata de masturbar a una mujer, lo óptimo es un pepino pelado: es fresco, y si ella se contrae lo suficiente lo romperá, dejando pepitas y jugos de pepino en su interior que luego puedes intentar recoger con la boca. El color de la zanahoria se ve muy bien en el culo. Aconsejo pelarla, eso sí, para evitar posibles infecciones. Grande es mejor, para que duela. Pero debes aliñarla un poco y así te evitas romper la piel. Si le pones aceite de sésamo y jengibre pueden comerla después en la ensalada. En caso de que le temas a la hepatitis, la cortas en juliana, la doras durante 5 minutos en mantequilla con orégano y ya está. Las berenjenas son tan hermosas. Demasiado blandas, eso sí, no resisten la presión del ano, pero en el coño de una mujer muy blanca otorgan un contraste de ensueño. Quien no ha bebido champagne desde una espalda, no sabe lo que es vida. El ombligo es un pocillo ideal para bocados pequeños. Ostras por ejemplo. Erizos y vaginas son una combinación perfecta. Definitivamente están hechos los unos para las otras. A los pies les viene bien el jamón y viceversa. Puedes enrollar cada dedito con una lonja y entre ellos colocar bolitas de melón. Quizás tu Amante se vea un poco ridículo, pero sabrá delicioso. Si te gusta el chocolate, pruébalo en polvo: cuando Él esté húmedo, rocía su cuerpo y, luego, a lo largo de una tarde o de una noche, vas recogiéndolo a langüetazos.
Es algo realmente dulce de hacer y Él se sentirá adorado en todos sus rincones.

It's a Lonely World

No hay otro. Sólo yo que me transformo y hablándome a mi misma me lo invento. Es mi propia mirada la que me tiene convertida en un gusano. Que se arrastra silencioso buscando un cuerpo al que arrimarse por un poco de calor. Y al arrastrarse va dejando sus huellas de esperanto.

miércoles, septiembre 07, 2005

Psiquiatras

Eufórica planeo una venganza. Eufórica planeo un reencuentro. Eufórica quiero suicidarme. Más tranquila todo me da igual. Le dejo a usted vieja gendarme de blanco delantal y desinfectadas manos la cuestión de si acaso necesito o no una droga. De si acaso pudiera beneficiarme su diagnóstico, tan incisivo como cruel. Cruel porque me roba el magnífico sentimiento de singularidad que me embarga cuando contemplo mis propios pensamientos, hiere mi ego vanidoso y me deja arropada con la triste promesa del confort.

Rituales II

Algo horrible podía ocurrir si no pisaba las rayitas de la vereda. O si las pisaba. O si perdía la cuenta de cuántos pasos había desde el paradero de micro hasta la puerta de mi casa, o cuántos escalones entre el primer piso y el departamento de mi abuela. Todos los días me imponía nuevas obligaciones que me salvarían del caos. Pisar las hojas secas. No decir ciertas palabras. Mirar sólo de reojo.
Hubo momentos de mi infancia en que estos pequeños rituales cobraron un sentido superior, conformando un sistema organizado de creencias, como cuando luego de mirar muchas piedrecillas y escucharlas, escogí a una y la convertí en Dios. Inventé una serie de pecados relacionados con la falta de fe hacia mi deidad y con errores en su alabanza.
Este episodio tuvo lugar al final de mi infancia. Después de eso, se fueron alejando poco a poco los días de soñar con entrar a un convento, de retroceder media cuadra para pisar una hoja seca, de tocar madera cada vez que la oscuridad se apoderaba de mis pensamientos. Debía aprender a convivir con el miedo.
Recuerdo la adolescencia como verdaderamente pavorosa. Llena de terrores y ningún medio para conjurarlos. A medida que Dios se hacía más pequeño la muerte crecía a mis espaldas. Seguía teniendo conciencia de las rayitas de la vereda, pero ya no me salvarían de nada. Algún consuelo encontraba en el orgullo.
Después de un paso tumultuoso por los rituales de la adolescencia, me fui introduciendo en el mundo de los rituales adultos. Besar al marido. Sonreírle al jefe. Mirar con suficiencia al carabinero. Darle plata a los mendigos. Brindar con los amigos. Besar a los niños cuando duermen. Quizá nos liberen del miedo a renunciar al trabajo, caer presos, volvernos pobres, quedarnos solos. Pero la rigidez de estos rituales hace que se produzcan inevitables trizaduras por las que, una vez más, logra colarse el miedo. Y del miedo al caos hay apenas la pérdida de control sobre un impulso.

martes, septiembre 06, 2005

Conversaciones familiares I

Ella (4): Mamá, ¿por qué yo nunca he visto a mi ángel de la guarda ni a mi hada madrina?
Él (6): A tu hada madrina no la has visto porque no existe, es una leyenda.
Yo: ¿Y tú cómo sabes que el ángel de la guarda no es también una leyenda?
Él (6): Ah, ese el misterio: no lo sé. Sólo puedo decir que creo en él.

Rituales

Nos juntamos siempre en el mismo parque, el mismo día, a la misma hora. Llevamos libros para leernos los pasajes predilectos. A veces también algún regalo.
Allí estamos, cogidos de la mano.
Nos quedamos en silencio como si dispusiésemos de todo el tiempo del mundo. Caminamos luego en la misma dirección. Entramos a un hotel donde nos entregan, cada vez, la llave de una habitación idéntica.
Semana tras semana repetimos el ritual, sin más que pequeñas variaciones.
Un mal día, uno de los dos decide llamar al otro por teléfono. Se hace así una trizadura casi imperceptible por la que, sin embargo, logra colarse el miedo. En vez de un martes nos juntamos un jueves. En vez de caminar por el parque nos tomamos una botella de vino en el bar.
¿Qué pasará si suena el teléfono en medio de la noche? ¿Habrá gritos en su casa? ¿Deberé presentarle a mis padres? ¿Nos olvidaremos del parque y habitaremos espacios cada vez más amplios de ciudad?
La posibilidad de un nosotros retumba ahora en todas partes, amenazadora. "Ya no me gusta", le digo, y aliviados nos damos la espalda.

lunes, septiembre 05, 2005

Monstruosa


Aunque haga lo imposible por disimularlo, soy un monstruo horrendo, peludo y jorobado. Y si bien mi joroba se intuye y no se ve, ahí está, arruinando mis ansias de belleza, mis ansias de tus ojos deslizándose sobre mi húmeda belleza.

domingo, septiembre 04, 2005

Mi merecido (fragmento)


Me pregunto qué habría ocurrido si no me hubiese sacado al enano de encima. Abandonada, exhausta, semi desnuda, con la mirada extraviada y las piernas abiertas: hubiese venido otro y luego otro y otro, hasta que todos ellos se hubieran corrido entre mis piernas. Convertida de ese modo en un público receptáculo de semen, no me habría quedado otro remedio que la culpa, el resentimiento o una completa transformación de mis valores.
*La imagen es Apolonia y Dominatrix provocando Dolor en el Arte Occidental, de Joel Peter Witkin.

Ruina

Mientras alegremente te diviertes -y te miro divertirte alegremente- se me van cayendo los pedazos. Se me caen las letras como lágrimas y voy quedando en ruinas. Algún día me visitarás como un turista que busca diversión. Pero, hijo de puta, no dudes de que te haré pagar la entrada.

Poemas de amor V

Me voy de ti como se deja una ciudad en la que se ha soñado vivir. Vuelvo a mi casa deshabitada y proyecto en sus muros los recuerdos. En este show, tu cara se va desdibujando. Aparecen otras. No hay tragedia. Más que aquella cuya pasión y muerte olvido.

viernes, septiembre 02, 2005

Aclaración patética


Después de ver en el contador de visitas que alguien ha llegado a este rincón poniendo mi nombre y apellido en google, me parece prudente, aunque no por ello menos penoso, aclarar que la autora de este blog no se responsabiliza por la conducta de su protagonista.
Agrego ahora un nuevo dato: entre las curiosidades que ha arrojado esta tecnología del site meter (los que llegaron buscando fotos de grandes penes y señoras gratis, los descriteriados que buscaban "muchos locos" o "salidas tristes", los que andaban tras un tratamiento de ortodoncia o poemas románticos para mujeres embarazadas, etcétera) me encuentro con la pavorosa revelación de que estoy siendo metódicamente leída a dos metros de mi escritorio, en el antro conservador en el que estoy metida hasta el cogote. En un arrebato paranoico pensé incluso asesinar a Catalina en manos de sus heterónimos, pero sería aquella una actitud despreciable. Pues bien, sólo me queda afirmar nuevamente que esto no es un diario de vida, sino un laboratorio de ficción.

jueves, septiembre 01, 2005

Poemas de amor IV

Olvidamos cómo ponernos de frente.
Hoy,
de lado,
nos hacemos invisibles.
Nos tocamos la frente
para calcular la temperatura corporal.
Nada bueno puede surgir de tanta desconfianza.
(Yo desconfío de tus posibilidades; tú desconfías de mis intenciones.)

Cita II

“En el corazón de una orgía, un hombre se acerca al oído de una mujer y le dice: what are you doing after the orgy?”

Jean Baudrillard

miércoles, agosto 31, 2005

Clasificados de la World Wide Web

Hola. Lo primero es dar las gracias a toda la gente que me ha contestado. Pero voy a explicarme bien para que nadie se llame a engaños. Soy un chico que se traviste en la intimidad. Estoy totalmente depilado, uso lencería, tacones, peluca, maquillaje, pero sigo siendo un chico. Cada vez intento estar más femenina y ser una autentica putita. Me gusta todo: lluvia, leche, enemas, scat, zoo, azotes, prostitución, bukake, y todo lo que me propongais. Busco gente de Madrid, con mucho morbo y vicio.
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Busco sumisa de no menos de 45 años, bien puesta en la vida, para que sea mi esclava total, sin límites.
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Por distancias geográficas, MI AMA, desea ceder a su esclavo a todas aquellas Amas o parejas en las que al menos uno de ellos sea Dominante (zona País Vasco, Navarra, Cantabria y la Rioja), para sesiones D/s. El Perro es una zorra puta con pocos límites. Si después de probarlo existe interés real de la Ama por el perro estudiaré la posibilidad de su cesión definitiva.
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En el DF, con 55 años, 1.75, 98 kg., estudios superiores, hetero, soltero, sano, discreto, 15 cm. y actividad sexual relativa. Gusto por la lectura, la música, el baile, la bohemia, el tequila, la buena plática y el sexo oral. Deseo sumisa joven o madura, profesionista o no profesionista, atractiva, sana, discreta y rasurada. Casada con o sin permiso, viuda, soltera, divorciada, separada u otra, que quiera sacar la perra puta que lleva dentro.
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Hombre hetero de argentina, bien parecido busco ama para relación sadomasoquista fuerte. Tengo límites altos. Adoro todo tipo de lluvias, castigos, humillaciones, etc. Busco mujer muy severa y desprejuiciada que quiera avanzar en algo serio.
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Amo con experiencia y residencia en España busca sumisa para satisfacernos los deseos sexuales íntimos. Tengo 39 años y busco esclava de al menos 30 años. Abstenerse jóvenes sin experiencia. La idea es tener escapadas de lujo, sexo, dolor y pasión una vez que nos hallamos conocido, haya feeling y confianza mutua y dentro de los límites acordados. El físico no es importante siempre que sea una mujer normal. Yo también lo soy. Hay dos tipos de sumisas, las que les gusta ser sometidas por un hombre y las que además prefieren unir el sexo y el dolor. Prefiero a estas últimas. Ni que decir tiene de máxima discreción. No son temas para comentarlo en público. Un beso.
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Busco perra en Ciudad Real, Toledo, o alrededores. Serás utilizada a mi antojo, cuándo y cómo yo lo quiera. Vivirás para mi placer. Servirme será todo tu afán. Serás mi puta, mi perra, mi esclava. Pero piénsalo bien, no quiero indecisas.
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Lo admito, estoy desesperado totalmente por una mujer. Mi ritmo de vida me impide tener demasiado tiempo pero tengo que vaciar mis huevos como sea. Soy muy atractivo y me gusta absolutamente todo en el sexo. Follar día y noche, ser amo, esclavo, puta, lo que sea. Me someteré a todo cuanto una mujer me pida. Al principio me someteré, pero luego, cuando se haya corrido bastante, la haré mi esclava y tendrá que hacer lo que yo pida, si hace falta le pegaré y sodomizaré para conseguir su respeto. Pero por ahora me conformo con vaciar estos huevos a punto de reventar.
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